Los trastornos alimenticios han alcanzado preocupantes  índices entre adolescentes y adultos jóvenes en las escuelas americanas y alrededor del mundo en los últimos tiempos. Un mayor porcentaje se encuentra especialmente entre mujeres (90%) que entre hombres (10%). Aunque en los últimos tiempos también se observa mayor aumento  en la población masculina. Generalmente están asociados sus comienzos a edades tempranas de la adolescencia entre 14 a 20 años.Sin embargo puede estar presente a cualquier edad. Los trastornos alimenticios más frecuentes son: la anorexia, bulimia y trastorno por atracón.

En general, podemos reconocer que está ocurriendo un trastorno alimenticio cuando se observan algunos de las siguientes conductas en forma exagerada:

  • Actitudes obsesivas respecto a las dietas, aún cuando éstas hagan daño a la salud.
  • Comer a solas, a escondidas o evitar comer cualquier tipo de comida.
  • Disminución y cambios continuos y fluctuantes del peso, después de descartar problemas tiroideos
  • Contar las calorías de los alimentos que se ingieren y pesarse con frecuencia.
  • Cambios en el carácter relacionados con el haber comido o no.
  • Verse “gordo” aunque haya una disminución importante de peso.
  • Encerrarse en el baño después de comer, sin que haya una causa que lo justifique.
  • Realizar ejercicios en forma obsesiva.
  • Verse mucho en el espejo sin decir nada
  • Sentir nerviosismo al estar con personas o cerca de comida
  •    Se siente fuera de control alrededor de la comida.
  •    Utiliza alimentos para satisfacer necesidades distintas al hambre.
  •    Se obsesiona con la comida, la imagen corporal y el peso.

 

Una persona no tiene que ser obesa, puede presentar  cualquier peso y sufrir  un desorden alimenticio. Un trastorno alimenticio es una enfermedad mental. Sin embargo,  diferencia de la mayoría de las enfermedades mentales, tienen un fuerte componente físico y los efectos del trastorno alimenticio pueden generar graves consecuencias en el cuerpo tales como: arritmias cardíacas, problemas gastrointestinales, baja presión, dolores de cabeza, menstruación irregular, cambios de coloración en la piel, pérdida del cabello, caries y destrucción del esmalte dental, entre otras.

Tener una enfermedad mental no significa que siempre la tendrá, las personas pueden recuperarse de los trastornos de la alimentación y de hecho lo hacen cuando buscan la ayuda necesaria. Lo más importante con un trastorno alimenticio no es tanto los síntomas que presentan, sino la causa por lo cual está sucediendo.

Los trastornos alimenticios son muy complejos. Ni las causas del trastorno alimenticios ni los efectos son los mismos para todas las personas y se puede manifestar con sus variantes en cada individuo.

Los trastornos alimenticios a menudo representan una manera inapropiada del manejo de la angustia emocional y dificultades en poder hacer frente a las demandas de la vida cotidiana. En mis 30 años de experiencia terapéutica tratando trastornos de la alimentación he venido observando en mujeres adultas patrones alimentarios disfuncionales asociados a una intensa ansiedad íntimamente relacionada con traumas psicológicos y maltrato emocional.

El trastorno alimenticio está compuesto por tres elementos fundamentales: el alimento, la imagen corporal y el control. Durante el curso del tratamiento no podemos descuidar ninguno de estos aspectos. La  función terapéutica primordial es el restablecimiento de patrones alimenticios, lograr cambios duraderos de los pensamientos y emociones distorsionadas relacionados con el peso, la silueta, la imagen corporal; ayudar a recuperar la  identidad y/o valores para que la persona se sienta bien consigo misma y  aprender habilidades para resolver los problemas de la vida cotidiana.

Este tratamiento puede ser en sesiones tanto individuales como grupales junto a otras personas que compartan el mismo problema y/o en terapia de familia para ayudar a la persona a reintegrarse a los patrones alimenticios de la familia.

Lo más importante con un trastorno alimenticio es poder reconocer, aceptar y hacer consciente los síntomas presentados para buscar ayuda a tiempo. Aquellos padres que comiencen a notar conductas y hábitos diferentes con sus hijos  o para aquellos adultos que se sientan identificados con excesiva preocupación alrededor de la figura, peso y alimentación es importante consultar con un especialista y buscar la ayuda pertinente.

En próximos artículos continuaré explicando más a detalle cada uno de los diferentes trastornos alimenticios.

 

 Adriana Vandroux, LMHC
Psicoterapia online / Coaching
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